Los Guanches

ntiguos habitantes de las islas Canarias. La cultura que poseían es de difícil datación, aunque perteneciente a la era cristiana. Su origen paleontológico es doble: por un lado, son individuos cromañoides descendientes de los norteafricanos y, por otro, mediterranoides capsienses. Los primeros habitantes del archipiélago llegaron a las islas en sucesivas oleadas, al parecer, desde el norte del continente africano en fechas imprecisas (2500 a.C. según Cuscoy, 500 a.C. según Pellicer y 100 a.C. según los jóvenes prehistoriadores canarios). El desarrollo de las culturas prehistóricas permitió el establecimiento de una organización social muy jerarquizada, con una estructura política de carácter monárquico y una serie de órganos colegiados que se reunían para dirimir asuntos militares, políticos o jurídicos. La sociedad estaba dividida en dos grupos (en Tenerife eran tres): una especie de nobleza y la gran mayoría de plebeyos. Por debajo de éstos, los considerados oficios viles, como verdugos y carniceros. Sus lenguas pasaron en época reciente -quizá histórica- a ser escritas en alfabeto tifinagh (bereber) y se extinguieron por la conquista a mediados o finales del siglo XVI. Eran pueblos ganaderos (cabras, ovejas y cerdos) y agricultores (cultivos de trigo, cebada y habas, de las que obtenían el gofio) con una dieta que se completaba con la recolección de raíces y mariscos. Conocían la cerámica y tallaban la piedra para fabricar hachas y cuchillos, pero ignoraban la rueda alfarera, los metales, el tejido y la talabartería. Aunque existen viviendas exentas, habitaban sobre todo en cuevas naturales y artificiales. Había momificación y culto a los antepasados, pero sus creencias y ritos, a pesar de los hallazgos frecuentes de ídolos, son dominio de la conjetura cuando no de una imaginación poco objetiva. Aunque a esta cultura se la conoce como guanche, este nombre corresponde estrictamente a la de los habitantes de Tenerife.

Las Canarias eran conocidas en la época clásica (ya Horacio y Plinio hablan de ellas como las islas Afortunadas), pero es a partir del siglo XIV cuando comienza su conquista por los europeos. Se sabe que, desde 1291, comenzaron a llegar al archipiélago diversas expediciones genovesas y, más tarde, de aragoneses y mallorquines. En el siglo XV, los promotores de la conquista fueron el noble normando Juan de Bethencourt y Gadifer de la Salle que estaban al servicio de la Corona castellana. La toma de las islas se hizo con dificultades y duró casi todo el siglo. Consideráblemente diezmados por los conquistadores, se mezclaron finalmente con sus invasores. Sus peculiares rasgos (elevada estatura, corpulencia, cara ancha, frente estrecha, piel muy morena) se conservan con cierta pureza en las zonas montañosas de las islas, en especial en la isla de Tenerife.

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