La Escritura Ibera

no de los muchos e importantes indicios que muestran la temprana presencia de los pueblos del Mediterráneo Oriental en la Península Ibérica es el de la pronta aparición de la escritura que en la zona sur, parece existir desde el siglo IX a.C. La escritura ibera se estudia sistemáticamente desde el siglo XVI, a partir de los ensayos del aragonés Antonio Agustín, arzobispo de Tarragona. Numismáticos como A. Delgado y A. Vives lograron identificar bastantes signos. Pero fue M. Gómez Moreno quien, en 1925, descifró definitivamente la escritura ibera a partir del análisis de un texto encontrado en Alcoy, escrito en carácteres griegos, y de diversas inscripciones (monedas sobre todo). Así, la lengua ibera pudo ser leida, pero no comprendida.

Esta escritura participa al mismo tiempo de un sistema alfabético y silábico. Las vocales y consonantes continuas (a, e, i, o, u, l, m, r, s) tienen un signo, pero las oclusivas emplean, cada una, cinco signos según la vocalización (ba, da, ga; be, de, ke; etc); y no se distingue si la oclusiva es sonora o sorda (da-ta, ga-ka, ba-pa, etc). No existe el sonido "efe" ni probablemente el "pe" y no puede escribirse la secuencia "muda + líquida" (bri, cla, etc...), por lo que se cree que no existieron esos sonidos en las lenguas ibéricas. Es infrecuente que una palabra comience por erre fuerte. Prácticamente todos estos rasgos fónicos coinciden con los que conserva la lengua vasca, hecho que ha provocado una densa y larga discusión científica, aún no resuelta.

a di-ti
ba-pa do-to
be-pe du-tu
bi-pi e
bo-po i
bu-pu l
ka-ga m
ke-gue n
ki-gui o
ko-go r (como en "caro")
ku-gu rr (como en "roca")
da-ta s
de-te u

 

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